lunes, 11 de mayo de 2015

Clase 07: viernes 15/05/2026



Viernes 23/05/2025

"Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía"

Mariano Moreno.


Virreyes del Río de la Plata
Virrey
Expedición del título
Toma de posesión del cargo
Pedro de Cevallos
1776 – 1º de agosto
1777 - 15 de octubre
Juan José de Vértiz y Salcedo
1777 – 27 de octubre
1778 – 26 de junio
Cristóbal del Campo, marqués de Loreto
1783 – 13 de agosto
1784 – 7 de marzo
Nicolás de Arredondo
1789 – 21 de marzo
1789 – 4 de diciembre
Pedro Melo de Portugal y Villena
1794 – 5 de febrero
1795 – 16 de marzo
Antonio Olaguer Feliú
1797 – 2 de mayo
Gabriel de Avilés y del Fierro
1797 – 25 de octubre
1799 – 14 de marzo
Joaquín del Pino
1800 – 14 de julio
1801 – 20 de mayo
Rafael de Sobremonte
1804 – 10 de noviembre
1804 – 24 de abri (*1)
Santiago de Liniers
1807 – 24 de diciembre
1807 – junio
Baltasar Hidalgo de Cisneros
1809 – 11 de febrero
1809 – 15 de julio (*2)
Javier de Elío
1810 – 31 de agosto
1811 – 19 de enero (*3)
Historia del puerto de Buenos Aires, Rafael E. Longo, Interjuntas, 1995
(*1) Tras el Cabildo abierto del 14 de agosto de 1806, después de la invasión inglesa de ese año, Sobremonte pasó a la Banda Oriental y delegó en Liniers el mando de las armas de Buenos Aires y en el Regente de la Audiencia el despacho diario y urgente de los demás ramos de gobierno.  El 10 de febrero de 1807, una Junta de Guerra depuso a Sobremonte y dispuso que Liniers quedara como jefe de todas las fuerzas y el 19 de febrero la Audiencia asumió el gobierno provisorio del virreinato.
(*2) El 13 de mayo de 1810 llegaron al Río de la Plata las noticias de que la península había sido ocupada por los franceses. El 22 de mayo de 1810 se reunió un Cabildo abierto en Buenos Aires y el 25 se dieron por concluidas las funciones del virrey Cisneros.
(*3) Pese a la resolución del Cabildo abierto del 25 de mayo de dar por concluidas las funciones del virrey Cisneros, el Consejo de Regencia de Cádiz nombró virrey del Río de la Plata a Javier de Elío, quien llegó a Montevideo a principios de 1811, declaró a esa ciudad capital del virreinato y a Buenos Aires, ciudad rebelde, y bloqueó su puerto.




La Revolución de Mayo de 1810
                                Revolución de Mayo, de Norberto Galasso.
                                La revolución de Mayo y Mariano Moreno, Norberto Galasso.

  • Tesis Liberal (Bartolomé Mitre): La revolución de mayo, fue una revolución separatista, independentista, anti hispánica, dirigida a vincularnos con el mercado mundial, probritánica y protagonizada por gente decente del vecindario porteño.
  • Tesis Nacionalista (Hugo Wast): La revolución de Mayo, fue exclusivamente militar y realizada por señores. Nada tiene que ver con la revolución francesa.
  • Tesis Revisionismo Histórico (Norberto Galasso): La revolución de Mayo está relacionada con la revolución española: "La revolución en América fue un momento de la revolución española" (Juan Bautista Alberdi). Las revoluciones que estallan en América en 1810, tienen un carácter democrático, popular y no separatista. América no se emancipó de España, se emancipó del estancamiento y de las ideas retrógradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad.


La Semana de Mayo de 1810
Autor: Felipe Pigna.

El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe trayendo periódicos que confirman los rumores que circulaban intensamente por Buenos Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.

Viernes 18 
El viernes 18 el virrey Cisneros hizo publicar lee por los pregoneros (porque la mayoría de la población no sabía leer ni escribir) una proclama que comenzaba diciendo: "A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires." El virrey advertía que "en el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno" él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando. Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extraña y, finalmente prevenía al pueblo sobre "los genios inquietantes y malignos que procuran crear divisiones". A medida que los porteños se fueron enterando de la gravedad de la situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los cafés y en los cuarteles. Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas sobre el futuro del virreinato. 
La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo había nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba claramente cuestionada. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción de los patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en la en la jabonería de Vieytes. La misma noche del 18 los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el virreinato después de los hechos de España. El grupo encarga a Juan José Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.

Sábado 19
 Las reuniones continuaron hasta la madrugada del Sábado 19 y sin dormir, por la mañana, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano le pidieron al Alcalde Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto. Por su parte, Juan José Castelli hizo lo propio ante el síndico Leiva. 

Domingo 20
 El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo que era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso pero Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le contestó "Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran" y convocó al Cabildo para el día 22 de Mayo. En el "Café de los Catalanes y en "La Fonda de las Naciones", los criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción 

Lunes 21 
A las nueve de la mañana se reunió el Cabildo como todos los días para tratar los temas de la ciudad. Pero a los pocos minutos los cabildantes tuvieron que interrumpir sus labores. La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de Buenos Aires. Este grupo de revolucionarios, encabezados por Domingo French y Antonio Luis Beruti, se agrupaban bajo el nombre de la "Legión Infernal" y pedía a los gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los cabildantes acceden al pedido de la multitud. El síndico Leiva sale al balcón y anuncia formalmente el ansiado Cabildo Abierto para el día siguiente. Pero los "infernales" no se calman, piden a gritos que el virrey sea suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo militar a sus reclamos.

Martes 22 
Ya desde temprano fueron llegando los "cabildantes". De los 450 invitados sólo concurrieron 251. También estaba presente una "barra" entusiasta. En la plaza French, Beruti y los infernales esperan las novedades. La cosa se fue calentando hasta que empezaron los discursos, que durarán unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir en su cargo o no. Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que mientras hubiera un español en América, los americanos le deberían obediencia. Le salió al cruce Juan José Castelli contestándole que habiendo caducado el poder real, la soberanía debía volver al pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en América. El Fiscal de la Audiencia, Manuel Villota señaló que para poder tomar cualquier determinación había que consultar al resto del virreinato. Villota trataba de ganar tiempo, confiando en que el interior sería favorable a la permanencia del virrey. Juan José Paso le dijo que no había tiempo que perder y que había que formar inmediatamente una junta de gobierno. 
Casi todos aprobaban la destitución del virrey pero no se ponían de acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios. Castelli propuso que fuera el pueblo a través del voto el que eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba en que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían apoyando al virrey.
"Modales"

El debate del 22 fue muy acalorado y despertó las pasiones de ambos bandos. El coronel Francisco Orduña, partidario del virrey, contará horrorizado que mientras hablaba fue tratado de loco por no participar de las ideas revolucionarias "... mientras que a los que no votaban contra el jefe (Cisneros), se les escupía, se les mofaba, se les insultaba y se les chiflaba."

Miércoles 23
 Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y emite un documento: "hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Excelentísimo. Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excelentísimo. Cabildo (...) hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime conveniente. El síndico Leiva, adicto al virrey prepara una maniobra: nombrar una Junta presidida por Cisneros.

Jueves 24 
Se confirmaron las versiones: el Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno presidida por el virrey e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, burlando absolutamente la voluntad popular. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta Muchos como el coronel Manuel Belgrano fueron perdiendo la paciencia. Cuenta Tomás Guido en sus memorias "En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: "Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas." 
Por la noche una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su renuncia. La junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.
 Así recuerda Cisneros sus últimas horas en el poder: 
"En aquella misma noche, al celebrarse la primera sesión o acta del Gobierno, se me informó por alguno de los vocales que alguna parte del pueblo no estaba satisfecho con que yo obtuviese el mando de las armas, que pedía mi absoluta separación y que todavía permanecía en el peligro de conmoción, como que en el cuartel de Patricios gritaban descaradamente algunos oficiales y paisanos, y esto era lo que llamaban pueblo, (..). Yo no consentí que el gobierno de las armas se entregase como se solicitaba al teniente coronel de Milicias Urbanas Don Cornelio de Saavedra, arrebatándose de las manos de un general que en todo tiempo las habría conservado y defendido con honor y quien V.M las había confiado como a su virrey y capitán general de estas provincias, y antes de condescender con semejante pretensión, convine con todos los vocales en renunciar los empleos y que el cabildo proveyese de gobierno."

El 25 de mayo de 1810
 Todo parece indicar que el 25 de mayo de 1810 amaneció lluvioso y frío. Pero la "sensación térmica" de la gente era otra . Grupos de vecinos y milicianos encabezados por Domingo French y Antonio Beruti se fueron juntando frente al cabildo a la espera de definiciones.   Algunos llevaban en sus pechos cintitas azules y blancas, que eran los colores que los patricios habían usado durante las invasiones inglesas. 
Pasaban las horas, hacía frío, llovía y continuaban las discusiones. El cabildo había convocado a los jefes militares y estos le hicieron saber al cuerpo a través de Saavedra que no podían mantener en el poder a la Junta del 24 porque corrían riesgos personales porque sus tropas no les responderían. La mayoría de la gente se fue yendo a sus casas y el síndico del Cabildo salió al balcón y preguntó "¿Dónde está el pueblo?". En esos momentos Antonio Luis Beruti irrumpió en la sala capitular seguido de algunos infernales y dijo "Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces, Si hasta   ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si es que no tiene badajo nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada." Poco después se anunció finalmente que se había formado una nueva junta de gobierno .El presidente era Cornelio Saavedra; los doctores Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus secretarios; fueron designados seis vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu. Comenzaba una nueva etapa de nuestra historia. 
La Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII. Así lo recuerda Saavedra en sus memorias "Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio. Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos." 
Para algunos era sólo una estrategia a la que llamaron la "máscara de Fernando", es decir, decían que gobernaban en nombre de Fernando pero en realidad querían declarar la independencia. Pensaban que todavía no había llegado el momento y no se sentían con la fuerza suficiente para dar ese paso tan importante. La máscara de Fernando se mantendrá hasta el 9 de julio de 1816.

Pero los españoles no se creyeron lo de la máscara o el manto de Fernando y se resistieron a aceptar la nueva situación. 
En Buenos Aires el ex virrey Cisneros y los miembros de la Audiencia trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío (que no acataba la autoridad de Buenos Aires y logrará ser nombrado virrey), pero fueron arrestados y enviados a España en un buque inglés. 



"Si ves al futuro dile que no venga".
Juan José Castelli.

"Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego"
Cornelio de Saavedra.




Mariano Moreno y su actividad como secretario de la Primera Junta


Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Tenía 21 años cuando llegó a Chuquisaca, donde estudiaría Teología y Derecho. Allí conoció al canónigo Terrazas, quien pronto le dio cobijo intelectual y acceso a su biblioteca, que, lejos de ser un cerrado centro de la cultura católica, era un amplio universo de ideas en donde Moreno pudo tomar contacto con las ideas de la igualdad de derechos para los criollos e indios y aprendió a repudiar las crueldades de la esclavitud.

Entrada la década de 1800, ya recibido de abogado, casado con María Guadalupe Cuenca y con un hijo, regresó a Buenos Aires. Hacia 1810, con 31 años, Moreno era ya un hombre de la revolución. Había logrado ser reconocido a partir de la redacción de un extenso alegato en defensa del fomento a la agricultura y a las manufacturas, que lo oponían a la burocracia española. Quizás algo de imprevisto lo tomó el hecho de ser nombrado como secretario de la Primera Junta de Gobierno, en mayo de 1810. El 25 de ese mes asumió la Secretaría de Guerra y Gobierno de la Primera Junta.

Unas de sus más destacadas acciones estuvieron relacionadas con el fomento a la difusión de las ideas de la Ilustración. Participó activamente de la creación de la biblioteca pública, del desarrollo educativo y fundó, el 7 de junio, el órgano oficial del gobierno revolucionario: la Gazeta de Buenos Aires. Entre sus escritos, figuraba la traducción de El Contrato Social, de su admirado Rousseau, pero también un plan de operaciones destinado a unificar los propósitos y estrategias de la revolución.

Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio administrativo y, por ello mismo, se ganó la enemistad de muchos. El deán Funes y el mismísimo Saavedra, entre otros, entrevieron el peligro que encarnaba para sus proyectos conservadores. Pronto forzaron su renuncia a los cargos que ocupaba en Buenos Aires y lo enviaron como representante del gobierno a Londres, rumbo al que partió el 24 de enero de 1811. Poco tiempo después, el 4 de marzo, encontraba en alta mar su misteriosa muerte. Dos años después, el médico Juan Madera aseguraba haber oído al padre Azcurra dar gracias a Dios por la separación de Moreno, advirtiendo: “Ya está embarcado y va a morir”.

Para recordarlo, reproducimos un fragmento de la Historia de la República Argentina, de Vicente Fidel López, sobre la febril actividad de Moreno como secretario de la Primera Junta de gobierno, sus preocupaciones por una corriente “que tendía a militarizar el país” y sus esfuerzos por fomentar la instrucción pública, la higiene, el comercio.
Como señala López, el numen de la revolución se ocupó de un sinnúmero de mejoras y progresos. “Todo lo penetraba y todo lo mandaba hacer, con una eficacia y con una rapidez difícil de comprender”, sostiene el historiador. Sus preocupaciones iban desde la creación de la biblioteca pública hasta el nivelado y la reparación de las calles; desde la difusión de vacunas o la organización de rondas de policías hasta la lucha contra la constitución de grandes propiedades “que –según entendía Moreno- quitan a los pobladores la esperanza de ser algún día propietarios”.
Fuente: Vicente Fidel López, Historia de la República Argentina, Su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1853, Tomo III, Buenos Aires, Librería La Facultad, 1911, pág. 189-197.

El doctor Moreno, cuya actividad mental era prodigiosa en el despacho de cada día, en la redacción de los documentos oficiales, en la expedición de las medidas que exigía la guerra, en los cuidados y necesidades de cada punto del virreinato, en lo de cerca y en lo de lejos, no se dejó absorber todo entero por los intereses de la lucha tremenda en que estaba comprometido, y se dio tiempo todavía para ocuparse de un sinnúmero de mejoras y de progresos pertenecientes a la instrucción pública, a la higiene, al comercio, a la política orgánica, a los abastos y a las mejoras materiales del municipio. Todo lo penetraba y todo lo mandaba hacer, con una eficacia y con una rapidez difícil de comprender en otra cabeza que en la de aquel hombre ardiente como el fuego y vivaz como la luz.
Desde el primer momento comprendió que para el nuevo gobierno era de suma importancia que el pueblo estuviese bien advertido de lo que debían ser, según las leyes, las relaciones de la Iglesia con el Estado. Católico exagerado que llevaba su devoción hasta pasar semanas enteras en ejercicios espirituales, dándose disciplinas y fuertes latigazos, se dio cuenta sin embargo de que la Iglesia Romana iba a pronunciarse contra   la Revolución de Mayo, y procuró prepararse con tiempo a salvar esas dificultades con un gobierno espiritual y propio que hiciese el servicio provisorio de la Iglesia con estricto acuerdo a los principios y a las leyes del Patronato.
(…)
La idea de constituir una Instrucción Cívica Oficial que iniciara a los niños de las escuelas y a los jóvenes en los principios fundamentales del gobierno libre, fue también uno de los empeños del doctor Moreno; e hizo que se escribiera un texto al que se le dio la forma requerida por las circunstancias bajo el título de Catecismo Militar…
(…)
Pero al mismo tiempo que el doctor Moreno comprendía la necesidad de consolidar el triunfo de la revolución por las armas, trataba de reaccionar contra la peligrosa corriente que tendía a militarizar el país, y buscaba fuerzas en la educación para corregir los vicios de esa tendencia y darle espíritu social. Así, al ordenar la creación de la Biblioteca Pública, lo hacía con palabras y conceptos de un alto alcance: “Los pueblos compran a precio muy subido la gloria de las armas; y las Musas, ahuyentadas con el horror de los combates y con el ruido de las armas, huyen de donde no hay tranquilidad, porque insensibles los hombres a   todo lo que no sea desolación y estrépito, descuidan aquellos establecimientos que en tiempos felices se fundan para cultivo de las ciencias y de las artes. Si el magistrado no empeña su poder y su celo en precaver el funesto término a que progresivamente conduce tan funesto estado, a la cultura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro, y la rusticidad de los hijos deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres. Buenos Aires se halla amenazado de esta terrible suerte; cuatro años de glorias han minado sordamente la ilustración y las virtudes que las produjeron”.
Con este motivo se lamentaba el doctor Moreno de la clausura del Colegio de San Carlos y de la decadencia de los estudios públicos, y aseguraba que el gobierno se ocupaba seriamente de restablecerlos de acuerdo con los progresos y con la filosofía de la época. En prosecución de los mismos fines comenzaba esta obra de reparación vital para la educación del espíritu público, por el establecimiento de una Biblioteca digna de la capital; porque “en todos los tiempos las bibliotecas públicas fueron miradas como uno de los testimonios de la ilustración de los pueblos, y como el medio más eficaz de su conservación y fomento... Las naciones verdaderamente grandes se propusieron y lograron fines muy diferentes de la simple vanidad con sus bibliotecas públicas. Las treinta y siete que contaba Roma en los tiempos de mayor ilustración eran la verdadera escuela de los conocimientos que tanto distinguieron a aquella nación célebre; y las que son hoy día comunes en Europa son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo. Por fortuna tenemos libros bastantes para dar principio a una obra que crecerá en proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo”.
Y en efecto: esa Biblioteca de Buenos Aires, fundada en 1810 por el doctor don Mariano Moreno, y puesta por él bajo la dirección del canónigo doctor Segurola y del franciscano señor Cayetano Rodríguez, en quienes concurrían la erudición y un amor acendrado a las letras, fue luego un monumento en manos de nuestro eminente bibliófilo don Manuel Ricardo Trelles.
Bien apercibido de cuanto tenían de vago y de pueril las teorías metafísicas y teologales de la instrucción de su tiempo, había comprendido toda la importancia que debía darse a las ciencias físicas y matemáticas que son la llave de la industria y el verdadero instrumento de la riqueza de los pueblos. Y si bien se lamentaba en la Gaceta “de que la Junta se viera reducida a la triste necesidad de crearlo todo en medio de las graves atenciones que la agobiaban, sin dejarle tiempo para las grandes mejoras del espíritu y de la educación social”, lo encontraba sin embargo para presidir con Belgrano la creación y el establecimiento de una preciosa escuela de matemáticas en una espléndida función y con solemne ceremonial.
Si se ocupaba de las ciencias no descuidaba ni por un momento los intereses del comercio y las mejoras materiales. Disminuía los derechos de la exportación de los productos rurales “con el fin de hacerlos entrar más fácilmente al comercio exterior en retorno de las introducciones extranjeras”. Se ocupaba de hacer inútil el contrabando con las franquicias que debían equilibrar justamente los beneficios del comercio. Reglamentaba el resguardo y el despacho marítimo de las consignaciones y de los manifiestos. En vista de las necesidades del comercio y de las contingencias de un bloqueo con que ya amenazaban los marinos de Montevideo, ponía su ojo previsor sobre el puerto y los terrenos de la Ensenada y decía: “El fomento de esa población, que la Junta ha resuelto sostener a toda costa, excitará la codicia de algunas personas poderosas, que en semejantes ocasiones adquieren terrenos dilatados por interés de la reventa, o para establecer grandes posesiones, que quitan a los pobladores la esperanza de ser algún día propietarios”; y limitaba las áreas que podía poseer cada propietario en favor de los pretendientes a comprar terrenos allí, obligándoles a todos a edificar 1.
De lo alto de sus concepciones y medidas bajaba a lo cómodo, a lo útil y a las vitales necesidades de la higiene.
Constituía un establecimiento permanente para la propagación de la vacuna encargándole este benéfico trabajo al doctor don Francisco de Paula Ribero. (…)
Organizaba las rondas de policía para asegurar la propiedad y la quietud del vecindario.
Mandaba reparar y nivelar las veredas y las calles de la ciudad.
Facilitaba con medidas liberales los abastos del vecindario.
Reglamentaba la matanza y las volteadas de los ganados vacunos para que se conservasen las crías, y para que no quedasen impunes los robos de haciendas.
Democratizaba los empleos y los grados militares en busca de las aptitudes que pudieran brotar del seno del pueblo. Y al mismo tiempo publicaba en la Gaceta artículos substanciales sobre la libertad de imprenta y sobre los principios de la política orgánica que debía discutir y sancionar el Congreso, con una elevación de miras y con una seguridad de estilo que los hace preciosos todavía y dignos de ser estudiados con seria detención por las generaciones presentes.
¡Y toda esta variada y múltiple labor se realizaba en medio de las atenciones absorbentes y de los terribles cuidados de la guerra emprendida contra las fuerzas de los mandatarios de España, que eran dueños todavía de la mayor parte del virreinato!
Dos grandes defectos hacían desgraciado, sin embargo, el temperamento de este grande hombre. Intachable como padre de familia y como amigo, dotado de una honorabilidad espartana, modelo de administrador y de pureza, don Mariano Moreno habría sido completo sin esos defectos. Pero, por desgracia suya, había nacido con una fantasía tan viva cuanto asustadiza y cobarde. Estaba sujeto a insomnios terribles, en medio de los que veía el tumulto de sus enemigos asediándolo con puñales unas veces, y otras encarcelándolo para arrastrarlo a la horca. Tenía una naturaleza nerviosa, con entusiasmos fantásticos que no se apartaban de su vista sino en el fuego de la acción. Pero en los momentos en que la acción decaía, su espíritu no encontraba la quietud del reposo, sino por el contrario, tendida la vista a su alrededor, y alarmado con las emanaciones enfermizas de la soledad y del monólogo, que continuaban dándole relámpagos siniestros, vagaba en las tinieblas de mil inquietudes indefinidas asaltado por dudas abultadas sobre la inseguridad de su persona y de los destinos de la causa a que estaba entregado. Al día siguiente entraba otra vez en la acción incitado por la   febril necesidad de anonadar los obstáculos y los elementos contrarios que sus sueños le habían presentado con formas gigantescas y apremiantes. (…)
El doctor Moreno era una alma sin reposo moral, nos decía uno de los contemporáneos que más lo había tratado y querido; una alma fanática y ascética devorada por una actividad asombrosa. Con el mismo ardor con que se había entregado a las lucubraciones místicas de Tomás Kempis y a la disciplina de la penitencia, se dio después al misticismo social de Juan Jacobo Rousseau. Pero no era esto lo más sorprendente, sino que su espíritu bajaba a lo práctico, a lo indispensable en cada momento, con una claridad y con un oportunismo que le habría envidiado el más experto de los hombres de Estado.

Referencias:
1 Gaceta del 15 y del 25 de octubre de 1810.




Videos vistos en clase


El Iluminismo y la Revolución de Mayo


Plan Revolucionario de Operaciones


Películas Recomendadas



La revolución de Mayo



Moreno. Ernesto Ardito y Virna Molina. 2012.





Belgrano. Sebastián Pivotto. 2010.


Texto recomendado
  • La revolución es un sueño eterno. Andrés Rivera.



Ejercitación:
  1. Destaque los principales acontecimientos de la llamada Revolución de Mayo de 1810.
  2. Enuncie las tres tesis que aborda Norberto Galasso en sus textos "Revolución de Mayo" y “La Revolución de Mayo y Mariano Moreno” (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  3. ¿Por qué Norberto Galasso cuestiona la idea de Revolución separatista y anti hispánica? (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  4. ¿A qué se denomina con el nombre de "la máscara de Fernando VII"? 
  5. ¿Cómo caracteriza José Pablo Feinmann, a decir de Juan Bautista Alberdi, a la Revolución de Mayo, en el capítulo "Plan Revolucionario de Operaciones" del ciclo "Filosofía aquí y ahora"?
  6. ¿Cómo se estructura  el "Plan Revolucionario de Operaciones" de Mariano Moreno y explique en forma breve, de que se trata éste documento? (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  7. Destaque los principales argumentos que expresa Mariano Moreno en el  "Decreto sobre supresión de honores al Presidente de la Junta y otros funcionarios públicos" (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).

lunes, 4 de mayo de 2015

Clase 05: viernes 24/04/2026

Revolución Francesa


La revolución francesa fue un proceso social y político que tuvo lugar entre 1789 y 1799 en Francia y que, con el tiempo, se extendió a otros países. Entre sus principales consecuencias, aparece el derrocamiento del rey Luis XVI, lo que supuso el fin del Antiguo Régimen (un sistema donde el poder recaía en una única persona y donde no existía la movilidad social).
Es importante dar a conocer que existen varias causas que fueron las que motivaron que se pusiera en marcha la citada Revolución Francesa. En concreto, entre las mismas se encuentran el que en ese momento existiera una burguesía que había ido ganando poder económico y demandaba también un papel a nivel político, que la monarquía fuera una institución cerrada y rígida, que existiera una importante crisis económica, que las clases populares estuvieran muy descontentas con la situación y que se hubieran ido extendiendo nuevas ideas llamadas ilustradas.
En este último sentido, hay que subrayar que las mismas se enmarcaban dentro del movimiento conocido como Ilustración que básicamente se sustentaba en tres valores e ideas principales: la libertad, la razón y la igualdad. Entre los personajes más relevantes que abogaron y defendieron aquella se encuentran Rousseau, Montesquieu, Voltaire o Diderot.
Con la abolición de la monarquía francesa, se proclamó la Primera República. El periodo revolucionario tuvo contradicciones internas y divisiones entre sus mismos impulsores, hasta que, en 1799, Napoleón Bonaparte concretó un golpe de estado, dando por finalizada la revolución y sus medidas.
La revolución francesa supuso el final del absolutismo y el surgimiento de la burguesía (pequeños capitalistas) como clase social dominante. El poder dejó de ser hereditario o divino, sino que, en teoría, cualquier persona podía ser elegida para acceder al gobierno.
Muchos fueron los episodios que se desarrollaron dentro de la Revolución Francesa, no obstante, entre todos ellos hay uno que pasó a ser el símbolo y el culmen de la misma. Nos estamos refiriendo a la conocida Toma de la Bastilla, que tuvo lugar el 14 de julio de 1789.
Un acto aquel que consistió en el asalto de dicha fortaleza y prisión por parte de la ciudadanía francesa. Con él no sólo se consiguió liberar a algunos encarcelados sino también defender a los representantes populares y, sobre todo, acabar con un símbolo del absolutismo monárquico. Y es que la Bastilla se había convertido además en el mayor peligro para el pueblo pues el rey había ordenado que los cañones de aquella apuntaran a los barrios obreros.

Cabe destacar que, en 1789, la Asamblea Nacional Constituyente de Francia publicó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y estableció el principio de libertad, igualdad y fraternidad como base del sistema.



Revolución Industrial

La Revolución Industrial o Primera Revolución Industrial es el proceso de transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña, que se extendió unas décadas después a gran parte de Europa occidental y Estados Unidos, y que concluyó entre 1820 y 1840. Durante este periodo se vivió el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la humanidad, que vio el paso desde una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.


División Internacional del Trabajo.

Los países industrializados impulsaron la incorporación al mercado mundial de regiones productoras de bienes primarios que, a su vez, recibieron capitales, tecnología y mano de obra para incrementar su producción.
Este sistema de organización de la producción y el comercio se conoce con el nombre de división internacional del trabajo. Los países industrializados se orientaban hacia el desarrollo tecnológico y la producción de productos manufacturados, y las economías periféricas, al mismo tiempo que se especializaban en la provisión de materias primas (especialmente de alimentos), constituían mercados capaces de absorber bienes elaborados, capitales y excedentes de población.



Hegemonía (Antonio Gramsci):

"La hegemonía es la capacidad que tiene una clase dirigente de ejercer una dirección moral y cultural, de imponer un vívido sistema de significados y de valores que para la mayoría de la sociedad es percibido como la cultura que todos compartimos".


Distinción entre hegemonía y dominación política
  • La hegemonía es un proceso inestable e incompleto.
  • La lucha por la hegemonía cultural es política. 
  • La Hegemonía es un proceso dinámico y contradictorio de apropiación de los significados impuestos por la cultura dominante, implica la re-significación y creación de nuevos significados por parte de las clases subalternas.
  • La dominación política implica el uso de la violencia.


Video visto en Clase



El Capital



El fetichismo de la mercancía, y su secreto

    A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. Considerada como valor de uso, la mercancía no encierra nada de misterioso, dando lo mismo que la contemplemos desde el punto de vista de un objeto apto para satisfacer necesidades del hombre o que enfoquemos esta propiedad suya como producto del trabajo humano. Es evidente que la actividad del hombre hace cambiar a las materias naturales de forma, para servirse de ellas. La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso.
     Como vemos, el carácter místico de la mercancía no brota de su valor de uso. Pero tampoco brota del contenido de sus determinaciones de valor. En primer lugar, porque por mucho que difieran los trabajos útiles o actividades productivas, es una verdad fisiológica incontrovertible que todas esas actividades son funciones del organismo humano y que cada una de ellas, cualesquiera que sean su contenido y su forma, representa un gasto esencial de cerebro humano, de nervios, músculos, sentidos, etc. En segundo lugar, por lo que se refiere a la magnitud de valor y a lo que sirve para determinarla, o sea, la duración en el tiempo de aquel gasto o la cantidad de trabajo invertido, es evidente que la cantidad se distingue incluso mediante los sentidos de la calidad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario para producir sus medios de vida tuvo que interesar por fuerza al hombre en todas las épocas, aunque no le interesase por igual en las diversas fases de su evolución.
 Finalmente, tan pronto como los hombres trabajan los unos para los otros, de cualquier modo que lo hagan, su trabajo cobra una forma social.
¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo.
El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo. Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y
con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción.

Carl Marx, El Capital, Tomo 1



Mercancía:
  • Valor de uso
  • Valor de cambio





Los Simpson-Made in China [by Bansky]-Temporada 22




Film Recomendado




Alexander Kluge: Noticias de la antigüedad ideológica: Marx - Eisenstein - El Capital 1




La Nuit De Varennes (extracto) - Ettore Scola 1982

EJERCITACIÓN 5
  1. Enumere y describa los distintos tipos de estados.
  2. Cuales son los principales valores de la Revolución Francesa.
  3. A que se llama "división internacional del trabajo".
  4. Desde el punto de vista de Marx, en su obra "El Capital", explique: ¿Qué es una mercancía? y ¿Cómo está conformada?.
  5. ¿Cómo se formó el capital originario de los grandes capitalistas?
  6. ¿Qué es el fetichismo de la mercancía?



IMPORTANTE: Examen parcial día 08/05/2026.

Para la próxima clase, revean los ejercicios de las cinco clases ya dictadas (incluyendo la de hoy). El examen consiste en completar una serie de preguntas. Este examen va a ser la primera nota de la cursada; es algo muy simple y basado en lo visto en clase.


domingo, 19 de abril de 2015

Clase 04: viernes 17/04/2026

Estado:

"Entiendo por Estado el componente específicamente político de la dominación en una sociedad territorialmente delimitada".
"Dominación (o poder), es la capacidad actual y potencial, de imponer regularmente la voluntad sobre los otros, incluso pero no necesariamente contra su resistencia".
"Lo político, es una parte analítica del fenómeno mas general de la dominación, aquella que se halla respaldada por la marcada supremacía en el control de los medios de coerción física en un territorio marcadamente delimitado".
O´Donell, Guillermo.


Componentes del Estado:
  • Soberanía.
  • Territorio.
  • Población.
  • Aparato administrativo de naturaleza burocrática.
  • Gobierno.


Sistema político, régimen político y sociedad civil:



Atributos del Estado:
  1. Reconocimiento de la soberanía estatal por parte de otros estados.
  2. Capacidad cierta de ejercer el monopolio de los medios legítimos de coerción.
  3. Desarrollo de un sistema de administración burocrática profesional y autónoma de la sociedad civil, especializado en las tareas de extracción de recursos y asignación eficiente de los mismos, compuesto por funcionarios aptos e idóneos.
  4. Capacidad de decisión de generar en los habitantes un sentimiento de "pertenencia" y de crear los lazos de solidaridad para responder a ese estado. 

Tipos de Estado

a.  Estado absolutista

Podemos ubicar este tipo de Estado en Europa entre el siglo XVI y finales del siglo XVIII. El termino de absolutismo, acunado durante el siglo XIX por el liberalismo, está en estrecha relación con el concepto de poder. Efectivamente se denomina "absolutismo" por cuando la utilización y concepción que los monarcas hacían del poder era absoluto. Pero, el Estado absolutista no es necesariamente sinónimo de tiranía o despotismo. La existencia de Imites y regulaciones está mediando entre estas concepciones de Estado.

Como afirma Pierangelo Schiera refiriéndose al absolutismo, "se trata entonces de un régimen político constitucional (en el sentido de que su funcionamiento esta, de cualquier manera, sometido a limitaciones y normas preestablecidas), no arbitrario (en cuanto que la voluntad del monarca no es ilimitada) y sobre todo de tipo secular, profano" (Schiera, Pierangelo, "Absolutismo", en Bobbio, N.; N. Matteucci y G. Pasquino

-eds.-, ob. cit., páginas. 1 a 8).

     El Estado absolutista es la consolidación del poder bajo la tutela del monarca en relación con los "reinos" que proliferaban en Europa durante los siglos precedentes. Podrá afirmarse que con los Estados absolutistas a partir del siglo XVI comienzan a delinearse los contornos del Estado moderno.

Las características que guardan estos Estados fueron evaluadas favorablemente por Nicolas Maquiavelo en su celebre tratado El Príncipe, cuando hace mención a la unificación que durante el siglo XVI estaban llevando adelante los reinos de Castilla y Aragón.

Las características que poseía el Estado absolutista fueron la concentración del poder con respecto a los reinos menores y su consecuente delimitación geográfica. Esto se evidencia a través de la posibilidad manifiesta de imponer sus decisiones sobre los otros dentro de su territorio.

Además de estas características, consideradas fundamentales, vale recordar el hecho del carácter profano de estos reinos, separando la órbita de lo religioso y de lo político. Es con los Estados absolutistas que las cuestiones de gobierno y administración comienzan a realizarse en términos de racionalidad y eficiencia.

El desarrollo de este tipo de organización política va a la par del cambio paulatino pero irreversible de las estructuras sociales y económicas; a partir del siglo XIII en adelante, podemos encontrar un creciente desarrollo del comercio y de las industrias.

Por otra parte, e


Estas políticas expansionistas fueron llevadas adelante por Esta­ dos absolutistas. La teoría económica que esta íntimamente ligada a esta concepción de organización política es el mercantilismo, teoría que afirmaba que la riqueza de una "nación" estaba unida a la acumulación de riquezas, fundamentalmente oro y plata. Esta teoría opera sobre la base de un territorio delimitado y en base a una decisión política unívoca, es decir, un Estado soberano.

        Las luchas religiosas del siglo XVI y XVll - fundamentalmente el movimiento protestante - jugaron también un papel fundamental en la constitución de un cierto tipo de concepción ideológica. Estos movimientos ayudaron a la constitución de los Estados absolutistas sobre bases racionales y profanas.

Algunas obras que desarrollaron las bases teóricas del Estado absolutista fue­ ron El Príncipe de Nicolas Maquiavelo (1469-1527), Leviatán de Thomas Hobbes (1588- 1679) y Los seis libros del Estado de Jean Bodin (1530-1596).



b.  Estado liberal

El liberalismo como corpus ideológico reconoce algunas influencias de gran trascendencia. El primero que destacaremos en este trabajo será John Locke (1632- 1704), quien escribió el Segundo tratado sabre el gobierno civil, aparecido en el año 1690. La otra gran influencia fue Adam Smith (1723-1790), quien con su libro investigación acerca de la Naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, aparecido en 1776, se constituyó en el fundamento económico del libre mercado.

El liberalismo surge en Europa, particularmente en Inglaterra. Podemos ubicarlo a partir de mediados del siglo XVII y cobra pleno desarrollo teórico en el siglo XVIII. Los hechos históricos más importantes con relaciona al liberalismo en sus inicios fueron los sucedidos con la “Gloriosa Revolución” de 1688. A partir de allí se abandonan los postulados del Estado absolutista y se comienza con los lineamientos de una monarquía constitucional.

 

Existe un numero de postulados básicos que caracterizan al liberalismo como forma de vida y de organización económica, política y social. Algunos de estos son:

  •  Defensa y reivindicación del individuo en contraposición a una sociedad por estamental y corporativa, característica de la Edad Media.
  • Defensa de la libertad, en todos sus ámbitos (económico, político, religioso, cultural, etc.).
  • Defensa de la propiedad privada, como fundamento del desarrollo económico y político.
  • División de poderes, garantizando de esta manera una distribución del poder y evitando los poderes absolutos.
  • importancia de la ley y de! constitucionalismo como medio para evitar la arbitrariedad del poder. La ley no es un producto de la divinidad (trascendental), sino que es el producto del debate y del consenso entre los hombres. Fundamentación del corpus ideológico en la racionalidad del individuo y en el creciente proceso de secularización social.
  • La idea fuerza de la construcción política a través de un "contrato" realizado de manera voluntaria (pacto de asociación).
  • La economía debe seguir un "orden natural" (espontáneo) sin mayor intervención de los hombres para alcanzar ciertos niveles de opulencia y bienestar. Mientras menores sean los controles, mejor funcionara el "mercado". La ambición por lograr una transformación social de la sociedad.

      Todas estas características se materializaron en un determinado orden político y social: el Estado liberal. El liberalismo entiende al Estado como un "Estado mínimo", es decir, aquel que está destinado a cumplimentar aquellas funciones básicas para el funcionamiento social, garantizando los niveles adecuados de paz, seguridad y armonía, administrar justicia y defensa de los límites geográficos del Estado. A partir de esta concepción, propia de comienzos del siglo XIX, entendemos que este Estado deja en manos del mercado y de la sociedad civil las tareas destinadas a la generación y, por sabre todo, a la distribución de la riqueza. Para el liberalismo, es el merca­ do la instancia que asigna eficientemente los recursos entre las personas. Esta con­ cepci6n es fundamentalmente optimista, pues entiende que dejando actuar "libremente" al mercado todas las partes saldrán beneficiadas por el intercambio económico.

           Nicola Matteucci afirma que el "liberalismo es hijo de! Estado moderno o, más ampliamente, nace como consecuencia o como respuesta a la nueva forma de organización del poder que se instaura en Europa a partir del siglo XVI" (Matteucci, N., "Estado Liberal", en Bobbio, N.; N. Matteucci y G. Pasquino -eds.-, ob. cit., págs. 563 a 570). Paralelamente al liberalismo y al Estado moderno, debemos mencionar al protagonista principal de este periodo histórico, la burguesía. Este sector social dinámico se va configurando a lo largo de un proceso histórico que podemos ubicar entre los siglos XVI y XVIII, y tuvo la característica de ser un sector dinámico, pero por sobre todo de gran movilidad. Fruto del aumento del comercio y de la producción, proceso que experimenta Europa dado el creciente comercio internacional que afecta a varias naciones, este sector fue ganando cada vez más influencia social y política, llegando a los albores del siglo XIX coma la gran fuerza política dominante.

Tanto el Estado moderno, como forma de organización política, como el liberalismo, coma corpus ideológico, se extendieron a lo largo de todos los continentes hacia mediados del siglo XIX. El creciente comercio internacional y la mayor conexión entre los continentes, entre Europa (el centro) y los demás continentes (la periferia), estimuló la adopción de estas ideas y formas de organización. Durante la segunda mitad del siglo XIX y el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el mundo cono­ ci6 niveles de producción y de comercio mundial sin precedentes.

La complejización de las relaciones sociales, políticas y económicas trajo aparejado que el Estado mínimo característico del liberalismo del siglo XIX resultara insuficiente. En efecto, la emergencia del capitalismo industrial sumada a la sociedad de masas llevo2, a principios del siglo XX, a replantear algunos de los postulados más importantes de esta organización estatal y de sus funciones. Así es que muchos de los Estados liberales, comenzaron a brindar otros servicios y funciones, salud, educación, intervención en los conflictos capital-trabajo, etc. De todas maneras, estas funciones no quitaron del centro de la escena los grandes postulados que perseguían estos Estados; a saber: la defensa de la propiedad privada y la libertad de empresa.

 

c.  Estado de bienestar

 Esta forma particular de Estado encontró un desarrollo sistemático en Europa Occidental con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Si bien podemos encontrar algunas acciones de política social en la Alemania de Bismark hacia finales del siglo XIX, y también coma consecuencia de la crisis económica de 1929, la conforma­ ci6n definitiva y sistemática de esta forma estatal y su correlato político se asienta a partir de 1950, conociendo su "época de oro" durante las décadas del 50 y del 60 para llegar a una progresiva etapa de agotamiento hacia finales de la década de 1970. El Estado de bienestar keynesiano -así se lo conoce- se estructuró sabre una re-conceptualización de las funciones del Estado, inspirada principalmente sobre la obra de John Maynard Keynes (1883-1946), economista inglés, a partir de su libro Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, publicado en 1936.

Para sintetizar el concepto de Estado de bienestar, recurriremos al trabajo de Gloria Regonini, quien lo desarrolla de la siguiente manera en el apartado sabre el "Estado de bienestar'' incluido en el Diccionario de Política de N. Bobbio:

 

"Es necesario llegar a la Inglaterra de los años cuarenta para poder encontrar una afirmación explicita del principio fundamental del Estado de Bienestar: independientemente de sus ingresos, todos los ciudadanos -en cuanto tales- tienen el derecho a ser protegidos -con pagos en efectivo o con servicios- en situaciones de dependencia de largo plazo (vejez, invalidez) o de breve plazo (enfermedad, desempleo, maternidad). El eslogan de los laboristas ingleses de 1945 'la parte justa para todos' resume con eficacia el concepto universal de las prestaciones del Estado de bienestar". (Regonini, Gloria, "Estado de bienestar", en Bobbio, N.; N. Matteucci y G. Pasquino -eds.-, ob. cit., pág. 551)


Para comprender el contexto en donde se desarrolló este tipo de Estado, debemos remarcar que existe una relación directa entre este tipo de organización y el desarrollo de un capitalismo industrial, con una amplia base de trabajadores asalaria­ dos y también con una alta tasa de sindicalización. A partir de allí, el objetivo del Estado fue siempre mantener altos niveles de ocupación, cercanos al pleno empleo, y con un alto poder adquisitivo de la población para mantener altos niveles de productividad. Estas condiciones son indispensables para lograr una eficaz política redistributiva. Una de las características que se resaltan, en relación con las políticas redistributiva, es la "prestación social universal" a la que están sujetos todos los habitantes. Esto puede traducirse en los siguientes términos: es con el Estado de bienestar que la población alcanza la -ciudadanía social", entendida esta como la satisfacción de las necesidades básicas del individuo en lo que hace a salud, educación, servicio social, empleo, etc.

La prestación de estos servicios no es entendida en términos de "beneficencia", sino que, por el contrario, es entendida en términos de "derecho político", o sea, una conquista histórica de la ciudadanía. Las "políticas universales" tienden en definitiva a lograr cierta homogeneidad en la población, apuntando sobre todo al desarrollo armónico de la sociedad. En este sentido, el Estado de bienestar tiene como objetivo lograr una "conciliación de clases", a través de una articulación que lo tenga como árbitro y regulador de las relaciones capital-trabajo. De esta manera, la autoridad política que deviene desde la esfera estatal y, por lo tanto, sus decisiones, deben gozar de la legitimidad necesaria por parte de todos los actores implicados en el sistema político. A partir de estas prestaciones universales de bienes y servicios por parte del Estado, podemos hablar de otra de las características centrales de esta forma esta­ tal: alto porcentaje del PNB (producto nacional bruto) destinado a gastos sociales. Estos recursos surgen fundamentalmente de la implementación de un sistema fiscal que grava las tasas de rentabilidad de las empresas, el sector financiero y los sectores acomodados de la sociedad, logrando, de esta forma, un eficaz proceso de redistribución de las riquezas.

 

Podemos encontrar en países tales como Inglaterra, Francia, Alemania y Suecia modelos de Estados de bienestar muy extendidos y desarrollados durante el periodo citado. En la actualidad, algunos países como Inglaterra pasaron por un profundo ajuste estructural durante la década del 70 y del 80 que ha transformado la relación Estado-sociedad. Países como Francia y Alemania han mantenido gran parte de sus estructuras, aun a costa de profundos conflictos sociales, y actualmente están en proceso de revisión y reformulación. Suecia y los demás países escandinavos, en cambio, aun con intentos de reformas sobre su Estado de bienestar, se mantendrán coma los países que más se aproximan a su ideal.

 

d.  Estado neoliberal

intelectuales y pensadores coma Milton Friedman (Premio Nobel de Economía en 1976), Samuel Huntington, Michael Crozier, Rudiger Dornbusch y otros encabezaron las críticas, económicas y políticas, al Estado de bienestar hacia mediados de la década de 1970. Con la crisis del Estado de bienestar -como consecuencia de la crisis del petróleo de 1973 y de su gran déficit fiscal entre otras causas- comienza a surgir una corriente de pensamiento, con una matriz fuertemente economicista en la concepción de la organización social, conocida como "neoliberalismo".

Para lograr un entendimiento cabal acerca del Estado neoliberal, necesitamos comprender la relación que existe con el fenómeno de la globalización (ver el trabajo de Antonio Federico que forma parte de la bibliografía obligatoria de esta asignatura). Este cambio de paradigma mundial nos permite una mejor comprensión de los cambios que se produjeron en la relación Estado-sociedad a partir de las transformaciones en el aparato estatal.

Esta creciente tendencia globalizadora, que se vio fortalecida como consecuencia de la caída de la URSS a fines de la década del 1980, fue erosionando la capacidad de los Estados nacionales para controlar y regular sus políticas económicas. Con la movilidad y la libertad de que gozan los flujos de capital y de información, los Estados se han visto en la necesidad de competir por la atracción de los capitales en un mercado mundial cada vez más interdependiente.

Para "incorporarse" a esta nueva fase del capitalismo a escala mundial, los Estados comenzaron un proceso de reestructuración que no fue solo estatal, sino una reestructuración "societal". Estos cambios a nivel de la sociedad en su conjunto son explicados por Daniel García Delgado en la siguiente cita:

 

"La influencia de un paradigma individual-competitivo muestra el pasaje de un modelo cultural vinculado a lo público-estatal de solidaridades nacionales hacia otro vinculado al mercado, a la sociedad civil y competencia. La amplia socialización de valores individualistas, narcisistas, en el seno de la sociedad de consumo, y el impacto desmovilizado de la crisis desplazan el centro de atención ideológico del ámbito público al privado y de la acción colectiva al espacio de la privacidad. Es el pasaje de la centralidad que adquiría la figura del 'trabajador' en el welfare estate [Estado de bienestar] a la del 'consumidor"'. (Garcia Delgado, Daniel, Estado y Sociedad. La nueva relación a partir de/ cambio estructural, Buenos Aires, Tesis-Norma, 1994, pág. 62). El proceso político por el cual se llevó adelante la reforma del Estado no estuvo ajeno a conflictos y controversias en el interior de los países. Este camino estuvo marcado por la "necesidad" del capital de adecuarse y permitir la competencia frente a las otras sociedades en el mercado internacional. Las principales reformas que se llevaron adelante marcan una transformación completa de los Imites entre la sociedad y el Estado, achicando los espacios estatales, característicos del modelo anterior correspondiente al Estado de bienestar.

 

Entre las políticas reformistas más importantes cabe mencionar:

  •  Decisión política de trasladar el peso de las decisiones económicas hacia la esfera del "mercado". Esto significa que las estrategias referidas al desarrollo, inversión estratégica, capacitación, distribución y acumulación queda en manos de las corporaciones económicas nacionales y transnacionales.
  • El creciente proceso de eliminación de los controles y regulaciones (desregulación) que ejercían los Estados sobre aspectos estratégicos de la economía. Esto implicaba ahorrar costos y alivianar el proceso productivo de las empresas para permitirles competir en el mercado internacional. La desregulación de la economía elimina la protección "superflua" de algunos sectores económicos, permitiendo así la "libre competencia" que redundará en baja de costos y de precios. 
  • El proceso de privatización de las empresas públicas, en parte para permitir un nuevo proceso de capitalización de las mismas y también para que el Estado se desentienda de la gestión directa de dichas empresas, dedicándose solamente a su control.
  • Apertura de la economía nacional al mercado internacional, ya sea en lo referente a bienes como a servicios y también en lo que se refiere a los capitales. El proceso de reforma del Estado cuenta con la presencia del capital extranjero, ya sea a manera de radicación de empresas, compra de empresas públicas, préstamos para llevar adelante políticas de subsidio y despido masivos y capital para la especulación financiera.
  • Eliminación de controles y restricción de la actividad financiera. Progresiva eliminación y desgravación fiscal a las actividades relacionadas con lo financiero y también a las grandes empresas. Tanto locales como internacionales. Esta medida está destinada a promover la radicación de capital extranjero mejorando las utilidades y la rentabilidad. La remisión de utilidades de las filiales a las casas matrices, por lo general, tampoco es a gravada y posee además libre disponibilidad.
  • Decisión política destinada a achicar el gasto público. La meta política y económica de este tipo de Estados es lograr "superávit fiscal" como una muestra de la "salud de la economía".
  • Creciente proceso de flexibilización laboral, tendiente a minimizar los costos que implican para las empresas la contratación de nuevos trabajadores. Estas medidas buscan la radicación de empresas para producir a precios competitivos en el mercado internacional.
  • Descentralización y la nueva reasignación de funciones entre el Estado nacional y las jurisdicciones provinciales y regionales fue un aspecto fundamental de las políticas llevadas adelante por el neoliberalismo. Estas implican que ciertas funciones del Estado nacional, léase salud y educación, pasan a manos de las provincias. Estas deben responsabilizarse de estos ámbitos, tanto en lo que hace a la planificación de las actividades, mantenimiento de la infraestructura, como al pago de sueldos.

 

El neoliberalismo tiene en Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en los Estados Unidos a los políticos más representativas de esta corriente ideológica durante la década de 1980. En América Latina, podemos mencionar, entre otros, a Carlos Salinas de Gortari, presidente de México entre 1988 y 1994; Alberto Fujimori, presidente de Perú entre 1990 y 2000; y Carlos Menem, presidente de la República Argentina entre 1989 y 1999.

 

Estado Moderno: https://drive.google.com/file/d/0B2DBMqmTRX91SzJEZjRONURSWjQ/view?usp=sharing&resourcekey=0-GkT4TmO_B-TifmUwp313xg





La formación de un país - historia de un país, argentina siglo xx



Libros Recomendados:
  • "Naciones y Nacionalismo" Eric Hobsbawm.
  • "El origen de la familia, la propiedad privada y el estado" Federico Engels.
Películas:


Revolución (2011)

Amalia (1914), E. García Velloso


Juan Manuel de Rosas "El Restaurador"





Camila (extracto). Maria Luisa Bemberg 1984




Facundo, El Tigre de los Llanos


Facundo, La Sombra Del Tigre (1995)



Romance de la muerte de Juan Lavalle


Justo José de Urquiza




EJERCITACIÓN 4
  1.  Teniendo en cuenta la definición de estado que hace Guillermo O´Donell, Explique con sus palabras los conceptos de “dominación” y de “político”.
  2. Cuáles son los principales componentes de un estado, ejemplifique.
  3.  A partir del documental “La formación de un país - historia de un país, argentina siglo xx” (ver blog) realice una línea de tiempo con los aspectos que considere más relevantes.
  4.  Vea el film “Justo José de Urquiza” (ver blog). Explique cuáles son las posiciones de Rosas y de Urquiza, con respecto a la constitución.




Clase 6: viernes 08/05/2026

 1er examen parcial: