lunes, 18 de mayo de 2015

Clase 8: viernes 22/05/2026

"La campaña del desierto"

Desierto, ta.
(Del lat. desertus).
1. adj. Despoblado, solo, inhabitado.
2. adj. Dicho de una subasta, de un concurso o de un certamen: Que no ha tenido adjudicatario o ganador.
3. m. Lugar despoblado.
4. m. Territorio arenoso o pedregoso, que por la falta casi total de lluvias carece de vegetación o la tiene muy escasa.
clamar en el ~.
1. loc. verb. coloq. predicar en desierto.
predicar en desierto, o en el ~.
1. locs. verbs. coloqs. Intentar, infructuosamente, persuadir a quienes no están dispuestos a admitir razones o ejemplos.
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Enfiteusis: (Del lat. emphyteusis, y este del gr. ἐμφύτευσις, implantación).
1. f. Der. Cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de un inmueble,
mediante el pago anual de un canon y de laudemio por cada enajenación de dicho
dominio. U. t. c. m.
2. f. Der. contrato enfitéutico.



Ley Enfiteusis (como garantía del Empréstito Baring Brothers)
Sancionada el 18 de mayo de 1826.

Art. 1º Las tierras de propiedad pública, cuya enajenación por la ley del 15 de febrero es prohibida en todo el territorio del Estado, se darán en enfiteusis durante el termino, cuando menos, de 20 años, que empezaran a contarse desde el 1º de enero de 1827.
Art. 2º En los primeros diez años, el que los reciba en esta forma pagará al tesoro público la renta o canon correspondiente a un ocho por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, sin son de pastoreo, o a un cuatro por ciento si son de pan llevar.
Art. 3º El valor de la tierra será graduado en términos equitativos por un jury de cinco propietarios de los más inmediatos, en cuanto pueda ser, al que ha de justipreciarse, o de tres en caso de no haberlos en ese número.
Art. 4º El gobierno reglará la forma en que ha de ser nombrado el jury del que habla el artículo anterior, y el juez que ha de presidirlo.
Art. 5º Si la evaluación hecha por el jury fuese reclamada, o por parte del enfiteuta, o por la del fisco, resolviera definitivamente un segundo jury, compuesto del mismo modo que el primero.
Art. 6º La renta o canon que por el artículo 2º se establece, empezara a correr desde el día en que al enfiteuta se mande dar posesión del terreno.
Art. 7º El canon correspondiente al primer año se satisfacerá por mitad en los dos años siguientes.
Art. 8º Los periodos en que ha de entregarse el canon establecido, serán acordados por el Gobierno.
Art. 9º Al vencimiento de los diez años que se fijan en el artículo 2º, la Legislatura Nacional reglará el canon que ha de satisfacer el enfiteuta en los años siguientes sobre el nuevo valor que se graduará entonces a las tierras en la forma que la legislatura acuerde.



Video visto en clase:



Campaña del Desierto




Películas sugeridas:

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Pampa Bárbara






Martín Fierro





La guerra Gaucha




Bernardino Rivadavia (1780-1845)


Autor: Felipe Pigna

Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, nació en Buenos Aires el 20 de mayo de 1780. Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos en 1798 donde cursó Gramática, Filosofía y Teología, pero no se graduó en ninguna de estas materias, abandonando los estudios en 1803.

Durante las invasiones inglesas. Se incorporó a las milicias con el grado de Capitán en el cuerpo de "gallegos" donde tuvo una destacada actuación. El 14 de agosto de 1809, a los 29 años se casó con una joven muy distinguida de la sociedad porteña: Juana del Pino y Balbastro, hija del octavo virrey del Río de la Plata, Joaquín del Pino. El matrimonio Rivadavia se muda a la calle Defensa 453 donde nacerán sus cuatro hijos: Benito, Constancia, que morirá a los cuatro años, Bernardino y Martín.

Rivadavia participó del Cabildo Abierto del 22 de Mayo y votó contra la continuidad del virrey. Pero no tuvo un rol protagónico en los sucesos de mayo. En el enfrentamiento entre saavedristas y morenistas, tomó partido por estos últimos. Cuando tras meses de enfrentamientos el 22 de setiembre de 1811 fue creado el primer Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea; Rivadavia fue nombrado Secretario de Gobierno y Guerra. En el Triunvirato la personalidad política de Rivadavia se impuso desde el primer momento y se tornó protagónica. No pocos compararon al triunvirato con los tres mosqueteros que eran tres pero eran cuatro y el cuarto era el más influyente de todos.

Sancionó e hizo jurar el 19 de diciembre de 1811, el Estatuto, por el cual el Triunvirato se transformaba en la autoridad máxima, disolviendo la Junta Grande. Esto provocó un gran descontento en el interior y le dio un carácter autoritario al Triunvirato. La llegada de San Martín y Alvear a Buenos Aires, en 1812, y la creación de la Logia Lautaro, se convirtieron en un escollo para el poder de Rivadavia, al que se sumaría la palabra y la acción de Bernardo de Monteagudo desde la Sociedad Patriótica. Todos estos elementos, sumados a las sucesivas derrotas militares sufridas por los ejércitos patriotas, precipitaron los acontecimientos y provocaron la "revolución" del 8 de octubre de 1812, el primer golpe de estado de la historia argentina. Ese día, las tropas de San Martín y otros cuerpos militares, se hicieron eco del descontento popular y derrocaron al primer Triunvirato, reemplazándolo por otro, afín a las ideas de la Logia y la Sociedad Patriótica, compuesto por Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Alvarez Jonte.

Tras esta derrota, Rivadavia desapareció por dos años de la escena política, hasta que el Director Supremo, Gervasio Posadas, le encargó en 1814 junto a Manuel Belgrano una misión diplomática en Europa, con el objeto de obtener apoyos para la revolución. El fracaso de la misión fue rotundo. Belgrano regresó en 1816, pero Rivadavia permaneció en Londres hasta 1820.

En Europa tomó contacto con círculos intelectuales, políticos y económicos de España e Inglaterra que le proporcionaron gran parte de su formación y le aportaron importantes contactos que le serían muy útiles en los años venideros.

Tras el tumultuoso año 20 y la caída de las autoridades nacionales, Martín Rodríguez fue nombrado, en abril de 1821, gobernador titular de Buenos Aires con "facultades extraordinarias sin límite de duración", "protector de todos los derechos y conservador de todas las garantías", designó a Bernardino Rivadavia como Ministro de Gobierno, un cargo muy importante equivalente al de un Primer Ministro actual .

En su discurso de asunción decía Rivadavia: "La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que debía presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación."

Tomás de Iriarte en sus memorias define al gobernador Martín Rodríguez como a "un hombre vulgar, un gaucho astuto que tuvo buena elección de ministros y fue dócil para dejarse gobernar."

Rivadavia había regresado de Inglaterra muy entusiasmado por las doctrinas económicas y políticas vigentes en la capital de la Revolución Industrial.

Allí había conocido al ensayista político Jeremy Bentham y a través de él apreció las obras de Adam Smith, David Ricardo, Bacon, Locke y Newton.

Le decía en una carta a su amigo Bentham "¡Qué grande y gloriosa es vuestra patria!, mi querido amigo. Cuando considero la marcha que ella sola ha hecho seguir al pensamiento humano, descubro un admirable acuerdo con la naturaleza que parece haberla destacado des resto del Mundo a propósito."

Pero la situación de la Provincia de Buenos Aires difería enormemente de la europea. Aquí no había industrias, ni una burguesía con ganas de aplicar las nuevas técnicas del progreso y mucho menos de arriesgar sus seguras ganancias ganaderas en "aventuras industriales". En definitiva las ideas de Rivadavia que eran las del liberalismo progresista de principios de siglo, no tenían por estas tierras base de sustentación en una clase dirigente muy conservadora y desconfiada de las novedades.

De todas maneras el ministro Rivadavia llevó adelante una serie de reformas que intentaron modificar la estructura del estado bonaerense y hasta la relación de éste con el poder eclesiástico.

En noviembre de 1821 se dictó una ley de olvido para promover la pacificación que permitió el retorno de desterrados como Alvear, Sarratea, Soler, Dorrego y Pagola.

"Es preciso no acordarse, si es posible, ni de las ingratitudes, ni de los errores, ni de las debilidades que han degradado a los hombres o afligido a los pueblos en esta empresa demasiado grande y famosa. Por esto ha pensado el gobierno que obra dignamente proponiendo en esta oportunidad el adjunto proyecto de ley de olvido."

También lanzó una reforma eclesiástica que le traería graves problemas. . Suprimió los fueros eclesiásticos, que permitían a las órdenes monásticas tener sus propias cortes de justicia; confiscó las propiedades de las órdenes religiosas y creó instituciones que competían en áreas de poder e influencia que había sido patrimonio de la Iglesia: fundó la Universidad de Buenos Aires, la Sociedad de beneficencia y el Colegio de Ciencias Morales.

Entre los bienes eclesiásticos expropiados figuraba el santuario de la Virgen de Lujan porque. "el gobierno, para velar por el cumplimiento del principio de que las instituciones piadosas están obligadas a rendir a algún servicio público que contribuya a la comodidad o al sostén de la moral, y en todo caso al progreso del país que las adopta; procedió a instruirse de cuál era el objeto y servicio del santuario llamado de Luján, cuál era el estado de sus bienes y rentas y cuál su administración. Lo que ha resultado, comprobado es, que no rinde servicio alguno, y que no tiene más objeto que el culto de una imagen."

Los sacerdotes descontentos, encabezados por Gregorio Tagle, encabezaron dos conspiraciones en agosto de 1822 y marzo de 1823. Esta fue la más importante. El gobierno se enteró del intento y decidió reprimirlo. En la Plaza de la Victoria los conjurados marchaban al grito de "¡Viva la religión!" y "¡Mueran los herejes!" mientras repartían rosarios, escapularios y panfletos con rezos como este:

"De la trompa marina - libera nos Domine
Del sapo del diluvio - libera nos Domine
Del ombú empapado de aguardiente - libera nos domine
Del armado de la lengua - libera nos domine
Del anglo-gálico- libera nos Domine
Del barrenador de la tierra - libera nos Domine
Del que manda de frente contra el Papa - libera nos Domine
De Rivadavia - libera nos Domine
De Bernardino Rivadavia - libera nos Domine
Kyrie eleison - Padre Nuestro. Oración como arriba."


Dos de los complotados fueron fusilados, muchos fueron detenidos y Tagle logró huir.

Rivadavia suprimió los Cabildos, último resabio de la organización política colonial, y estableció una novedosa ley electoral que incluía el sufragio universal, con las limitaciones propias de la época. La nueva ley establecía que tenían derecho al voto

todos los hombres libres nativos del país o avecindados en él mayores de 20 años, pero sólo podían ser elegidos para los cargos públicos los ciudadanos mayores de 25 "que poseyeran alguna propiedad inmueble o industrial".

Manuel Dorrego tuvo una importante participación en los debates sobre la ley electoral, entre otras cosas dijo entonces:

"...Y si se excluye (del voto) a los jornaleros, domésticos y empleados también ¡entonces quien queda? Queda cifrada en un corto número de comerciantes y capitalistas la suerte del país. He aquí la aristocracia del dinero, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco, porque apenas hay comerciantes que no tengan giro en el Banco, y entonces el Banco sería el que ganaría las elecciones, porque él tiene relación con todas las provincias"


El Empréstito

Por iniciativa de Rivadavia, el gobierno contrató en 1824, un empréstito con la firma inglesa Baring Brothers por un millón de Libras.

El nacimiento de la Casa Baring coincide con el de la gran política financiera del Imperio Británico. Los hermanos Alexander y Francis Tornhill , son los hijos del fundador de la casa, Sir Francis Baring y los principales directivos de la misma en el momento de firmarse el empréstito con Buenos Aires. Los Baring unirán su carrera financiera a su actividad política. Alexander será nombrado por el Primer Ministro Peel, ministro de la Moneda. Su hermano Francis llegará a ser Lord de la tesorería entre, ministro de Hacienda de Inglaterra entre. Director de la Compañía de Indias y Primer Lord del Almirantazgo.

El empréstito se contrataba con el objetivo de crear pueblos en la frontera con el indio, fundar un Banco, construir una red de agua y un puerto. Los gestores fueron: Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson y en su conjunto se llevaron 120.000 Libras del monto total del crédito en carácter de comisión

Descontadas las comisiones de los seis gestores, dos de los cuales eran ingleses, los gastos de emisión y varias cuotas adelantadas, llegaron a Buenos Aires sólo 570.000 Libras, la mayoría en letras de cambio sobre casas comerciales británicas en Buenos Aires propiedad de los gestores del empréstito. Pero la deuda se asumía por el total: 1 millón de Libras.

El dinero del empréstito, por diversas circunstancias, no se destinó a la construcción de obras públicas como había sido previsto. Se dilapidó en gastos improductivos. Para 1904, cuando se terminó de pagar el crédito, la Argentina había abonado a la Casa Baring Brothers la suma de 23.734.766 pesos fuertes.

Todas las tierras públicas de la provincia quedaron hipotecadas como garantía del empréstito. Rivadavia decidió entonces aplicar el sistema de "enfiteusis" por el cual los productores rurales podrían ocupar y hacer producir las tierras públicas, no como propietarios sino como arrendatarios.

El monto del canon que debían pagar al Estado lo fijaban los mismos arrendatarios de manera que terminó siendo insignificante.

Los grandes propietarios aprovecharon el sistema de enfiteusis para acaparar enormes extensiones de tierra con el desembolso mínimo que les permitía la ley.

Poco después de concedido el empréstito, el 31 de marzo de 1824, llegó a Buenos Aires un nuevo Cónsul de Su majestad, Mr. Woodbine Parish. El funcionario traía la misión de firmar un tratado de Libre Comercio y Amistad cuyo texto era idéntico al impuesto por William Huskisson -jefe del "Board of trade" londinense- a todas las ex colonias de Hispanoamérica, que ambicionaban ser reconocidas.

Al mismo tiempo, este tratado impuesto por Inglaterra como requisito previo para el reconocimiento de nuestra independencia, y firmado el 2 de febrero de 1825, sellará el destino del país como nación dependiente de una nueva metrópoli que le asignó un papel inamovible en la división del trabajo que imponía al mundo: el de simple productor de materias primas y comprador de manufacturas.



En medio de una prosperidad que iba en aumento, con sus instituciones reformadas, Buenos Aires, conducida por Rivadavia, no abandonaba sus viejos planes con relación a la organización del país.

Ya a partir de 1823 la Provincia había comenzado a tender los hilos para reunir un nuevo Congreso cuyo cometido era, fundamentalmente, el de dar una Constitución al país que permitiera su organización. Se buscaba además apoyo para solucionar el problema de la Banda Oriental incorporada al Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina.

Lentamente, la iniciativa fue prendiendo, y en diciembre de 1824 representantes de todas las provincias de la época -incluidos los de la Banda Oriental, Misiones y Tarija- comenzaron a sesionar en Buenos Aires, cuyo gobierno era ejercido por Las Heras.

El Congreso tomó diversas medidas, entre ellas la Ley Fundamental, la Ley de Presidencia y la Ley de Capital del Estado.

La Ley Fundamental promulgada en 1825, daba a las provincias la posibilidad de regirse interinamente por sus propias instituciones hasta la promulgación de la Constitución, que será  ofrecida a su consideración y no será  promulgada ni establecida hasta que haya sido aceptada.

Este promisorio comienzo sufrirá sus primera  grietas el 6 de febrero de 1826 con la creación del cargo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los defensores del proyecto pretendieron utilizar la situación de guerra con el Brasil, para transformar en permanente el cargo provisorio que había sido delegado en el gobierno de Buenos Aires.

El candidato elegido fue Bernardino Rivadavia, lo que molestó aún más a las provincias puesto que representaba a la tendencia unitaria.

Buenos Aires es "el sitio más despreciable que jamás vi, estoy cierto que me colgaría de un árbol si esta tierra miserable tuviera árboles apropiados. . . " Así escribía, tres meses después de su llegada a estas tierras, John Ponsonby, barón de Imokilly, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Gran Bretaña ante las Provincias Unidas. Woodbine Parlsh, afectado por la designación de Ponsonby, había escrito que ". -un high aristocrat está poco calificado para tratar a los bajisimos demócratas con quienes debemos alternar aquí"

Ponsonby fue recibido por Rivadavia el primero de setiembre de 1826, con guardia de honor y salvas de artillería. Un mes después escribía sobre Rivadavia: "El Presidente me hizo recordar a Sancho Panza por su aspecto, pero no es ni la mitad de prudente que nuestro amigo Sancho. . . Como político carece de muchas de las cualidades necesarias". Estimó, sin embargo, que Rivadavia era "autor de muchas, beneficiosas y buenas leyes".

La Ley de Capital del Estado, proyecto presentado por el nuevo presidente y aprobado de inmediato, le hizo perder a Rivadavia también el apoyo de los porteños.

La ciudad de Buenos Aires quedaba bajo la autoridad nacional, hasta que ésta organizara una provincia. La provincia había desaparecido, contraviniéndose así lo expresado por la Ley fundamental de 1825.

Se terminó  por aprobar en diciembre de 1826 una Constitución que, si no fuera por su declarado republicanismo, coincide  en cuanto a su tendencia centralizadora con la de 1819 y, como aquella, provoca  la airada repulsa de los caudillos y los pueblos.

Así fracasó este nuevo intento de organizar al país. Rivadavia renunció en junio de 1827.

Pocos días después el poder nacional quedaba disuelto cobrando nuevos impulsos la guerra civil y las autonomías provinciales.

Rivadavia se retiró definitivamente de la vida pública. En 1829 parte hacia Francia, dejando a su familia en Buenos Aires. En Paría vuelve a su oficio de traductor. Pasan por sus manos "La Democracia en América" de Tocqueville; "Los viajes" y "El arte de criar gusanos de seda" de Dándolo. En 1834 decide regresar a Buenos Aires. Pero el gobierno de Viamonte le impide desembarcar. Su mujer y su hijo Martín, que lo esperaban en el puerto, suben al barco y se suman al exilio de Rivadavia. Los hijos mayores, Benito y Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y están luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder.


Los Rivadavia se instalan primero en Colonia y luego pasan a Brasil. Allí, tras un accidente doméstico, murió Juanita del Pino en diciembre de 1841. Martín volvió a Buenos Aires a unirse a sus hermanos y Rivadavia decidió a fines de 1842 partir hacia Cádiz, donde se instaló junto a dos sobrinas, en una modesta casa del barrio de la Constitución. Tenía sesenta y cinco años cuando hizo modificar su testamento al advertir que sus sobrinas le estaban robando la poca plata labrada que le quedaba. El 2 de septiembre de 1845, pocos días después de este episodio, murió pidiendo que su cuerpo "no volviera jamás a Buenos Aires". Sin embargo sus restos fueron repatriados en 1857 y desde 1932 descansan en el mausoleo levantado en su honor en Plaza Miserere.




PROYECTO DE DECLARACION

 

El Senado de la Nación

 DECLARA

 

De interés de esta Honorable Cámara la conmemoración de un nuevo aniversario de la sanción de la Ley 817, “Ley de Inmigración y Colonización”, promulgada el 19 de octubre de 1876, durante el mandato presidencial del Dr. Nicolás Avellaneda, cuyo objetivo fue favorecer la entrada de millones de extranjeros al territorio nacional.

Esta ley permitió al país sobrellevar una época económicamente difícil y aportó a la conformación de la masa demográfica y cultural que hoy nos identifica, dando lugar al denominado “crisol de razas”

 

Mario J. Colazo.

 

FUNDAMENTOS

 Señor Presidente:

 

El 6 de octubre de 1876 fue sancionada la Ley Nº 817 de “Inmigración y Colonización”, que significó un acontecimiento trascendental y de positiva proyección para el devenir demográfico del país. Por iniciativa del entonces Presidente de la Nación, Dr. Nicolás Avellaneda, este instrumento legal fue promulgado el 19 de octubre de 1876.

 Ante la necesidad de aprovechar las grandes extensiones de tierra de nuestro país, un amplio territorio sin explotar, este instrumento legal favoreció la entrada de millones de extranjeros al territorio nacional, dejando atrás la Argentina criolla y dando lugar al actual “crisol de razas”.

 La Ley de Inmigración fue producto de una época difícil y constituyó una política sensata que no anulaba las posibilidades de la inmigración espontánea, pero daba oportunidad de realizar una selección de los inmigrantes. Permitió, además, la distribución más equitativa de los territorios a colonizar.

 Definía los requisitos y procedimientos propios de aquella época, siendo uno de los aspectos más importantes que complementaba y asignaba extensividad a las disposiciones constitucionales, por cuanto tuvo la virtud de igualar los derechos civiles de los argentinos y de los extranjeros, proporcionado una trascendente unidad en los aspectos laborales, institucionales y de productividad, que se concretaron en el extraordinario desarrollo integral de todos los sectores del quehacer nacional.

 Inmediatamente después de su promulgación, la Ley fue ampliamente difundida en Europa, sobre todo en Italia y Austria, nombrándose agentes de inmigración en dichos países, para la organización de tareas relativas a difundir las ventajas que ofrecía el gobierno argentino a toda persona que quisiera radicarse en el territorio nacional.

 Desde el año 1857, y especialmente desde la promulgación de la ley el 19 de octubre de 1876, Argentina fue el segundo país de América que recibió más inmigrantes, solo superado por Estados Unidos, con la particularidad de que en Buenos Aires por cada argentino nativo había tres extranjeros. De los 5.481.27 inmigrantes llegados en ese período, 2.341.126 correspondió a italianos mientras que 1.602.752 fueron españoles.

 Hoy en día, casi todos los argentinos tienen ascendencia extranjera proveniente de este proceso inmigratorio o tienen inmigrantes en sus familias. Esta ley permite conocer un punto importante en la razón o el origen de su travesía como familia, desde Europa hasta nuestro paisaje nacional, en busca de un hogar y un mejor porvenir.

 Sr. Presidente, por todo lo expuesto, solicito a mis pares la aprobación del presente Proyecto de Declaración.

 Mario J. Colazo.


Texto recomendado:
  • Indios, gauchos y fronteras (David Viñas).


EJERCITACIÓN:

  1. ¿Cómo caracteriza José Luis Romero, en "Breve Historia de la Argentina", en La era criolla, al país que había nacido en 1810? (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  2. ¿En qué consistió el empréstito Baring Brothers y qué consecuencias trajo para el país?.
  3. ¿A que llamamos Ley Enfiteusis y cuales fueron las consecuencias para Argentina?.
  4. Cuales fueron los motivos que llevaron a realizar la llamada "Campaña del desierto". Cuales fueron sus consecuencias.
  5. Si es que existe una relación posible: Explique con sus palabras, que relación encuentra entre la llamada "Campaña del desierto" y la inmigración. 
               






lunes, 11 de mayo de 2015

Clase 07: viernes 15/05/2026



Viernes 23/05/2025

"Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía"

Mariano Moreno.


Virreyes del Río de la Plata
Virrey
Expedición del título
Toma de posesión del cargo
Pedro de Cevallos
1776 – 1º de agosto
1777 - 15 de octubre
Juan José de Vértiz y Salcedo
1777 – 27 de octubre
1778 – 26 de junio
Cristóbal del Campo, marqués de Loreto
1783 – 13 de agosto
1784 – 7 de marzo
Nicolás de Arredondo
1789 – 21 de marzo
1789 – 4 de diciembre
Pedro Melo de Portugal y Villena
1794 – 5 de febrero
1795 – 16 de marzo
Antonio Olaguer Feliú
1797 – 2 de mayo
Gabriel de Avilés y del Fierro
1797 – 25 de octubre
1799 – 14 de marzo
Joaquín del Pino
1800 – 14 de julio
1801 – 20 de mayo
Rafael de Sobremonte
1804 – 10 de noviembre
1804 – 24 de abri (*1)
Santiago de Liniers
1807 – 24 de diciembre
1807 – junio
Baltasar Hidalgo de Cisneros
1809 – 11 de febrero
1809 – 15 de julio (*2)
Javier de Elío
1810 – 31 de agosto
1811 – 19 de enero (*3)
Historia del puerto de Buenos Aires, Rafael E. Longo, Interjuntas, 1995
(*1) Tras el Cabildo abierto del 14 de agosto de 1806, después de la invasión inglesa de ese año, Sobremonte pasó a la Banda Oriental y delegó en Liniers el mando de las armas de Buenos Aires y en el Regente de la Audiencia el despacho diario y urgente de los demás ramos de gobierno.  El 10 de febrero de 1807, una Junta de Guerra depuso a Sobremonte y dispuso que Liniers quedara como jefe de todas las fuerzas y el 19 de febrero la Audiencia asumió el gobierno provisorio del virreinato.
(*2) El 13 de mayo de 1810 llegaron al Río de la Plata las noticias de que la península había sido ocupada por los franceses. El 22 de mayo de 1810 se reunió un Cabildo abierto en Buenos Aires y el 25 se dieron por concluidas las funciones del virrey Cisneros.
(*3) Pese a la resolución del Cabildo abierto del 25 de mayo de dar por concluidas las funciones del virrey Cisneros, el Consejo de Regencia de Cádiz nombró virrey del Río de la Plata a Javier de Elío, quien llegó a Montevideo a principios de 1811, declaró a esa ciudad capital del virreinato y a Buenos Aires, ciudad rebelde, y bloqueó su puerto.




La Revolución de Mayo de 1810
                                Revolución de Mayo, de Norberto Galasso.
                                La revolución de Mayo y Mariano Moreno, Norberto Galasso.

  • Tesis Liberal (Bartolomé Mitre): La revolución de mayo, fue una revolución separatista, independentista, anti hispánica, dirigida a vincularnos con el mercado mundial, probritánica y protagonizada por gente decente del vecindario porteño.
  • Tesis Nacionalista (Hugo Wast): La revolución de Mayo, fue exclusivamente militar y realizada por señores. Nada tiene que ver con la revolución francesa.
  • Tesis Revisionismo Histórico (Norberto Galasso): La revolución de Mayo está relacionada con la revolución española: "La revolución en América fue un momento de la revolución española" (Juan Bautista Alberdi). Las revoluciones que estallan en América en 1810, tienen un carácter democrático, popular y no separatista. América no se emancipó de España, se emancipó del estancamiento y de las ideas retrógradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad.


La Semana de Mayo de 1810
Autor: Felipe Pigna.

El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe trayendo periódicos que confirman los rumores que circulaban intensamente por Buenos Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.

Viernes 18 
El viernes 18 el virrey Cisneros hizo publicar lee por los pregoneros (porque la mayoría de la población no sabía leer ni escribir) una proclama que comenzaba diciendo: "A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires." El virrey advertía que "en el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno" él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando. Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extraña y, finalmente prevenía al pueblo sobre "los genios inquietantes y malignos que procuran crear divisiones". A medida que los porteños se fueron enterando de la gravedad de la situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los cafés y en los cuarteles. Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas sobre el futuro del virreinato. 
La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo había nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba claramente cuestionada. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción de los patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en la en la jabonería de Vieytes. La misma noche del 18 los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el virreinato después de los hechos de España. El grupo encarga a Juan José Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.

Sábado 19
 Las reuniones continuaron hasta la madrugada del Sábado 19 y sin dormir, por la mañana, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano le pidieron al Alcalde Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto. Por su parte, Juan José Castelli hizo lo propio ante el síndico Leiva. 

Domingo 20
 El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo que era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso pero Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le contestó "Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran" y convocó al Cabildo para el día 22 de Mayo. En el "Café de los Catalanes y en "La Fonda de las Naciones", los criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción 

Lunes 21 
A las nueve de la mañana se reunió el Cabildo como todos los días para tratar los temas de la ciudad. Pero a los pocos minutos los cabildantes tuvieron que interrumpir sus labores. La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de Buenos Aires. Este grupo de revolucionarios, encabezados por Domingo French y Antonio Luis Beruti, se agrupaban bajo el nombre de la "Legión Infernal" y pedía a los gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los cabildantes acceden al pedido de la multitud. El síndico Leiva sale al balcón y anuncia formalmente el ansiado Cabildo Abierto para el día siguiente. Pero los "infernales" no se calman, piden a gritos que el virrey sea suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo militar a sus reclamos.

Martes 22 
Ya desde temprano fueron llegando los "cabildantes". De los 450 invitados sólo concurrieron 251. También estaba presente una "barra" entusiasta. En la plaza French, Beruti y los infernales esperan las novedades. La cosa se fue calentando hasta que empezaron los discursos, que durarán unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir en su cargo o no. Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que mientras hubiera un español en América, los americanos le deberían obediencia. Le salió al cruce Juan José Castelli contestándole que habiendo caducado el poder real, la soberanía debía volver al pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en América. El Fiscal de la Audiencia, Manuel Villota señaló que para poder tomar cualquier determinación había que consultar al resto del virreinato. Villota trataba de ganar tiempo, confiando en que el interior sería favorable a la permanencia del virrey. Juan José Paso le dijo que no había tiempo que perder y que había que formar inmediatamente una junta de gobierno. 
Casi todos aprobaban la destitución del virrey pero no se ponían de acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios. Castelli propuso que fuera el pueblo a través del voto el que eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba en que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían apoyando al virrey.
"Modales"

El debate del 22 fue muy acalorado y despertó las pasiones de ambos bandos. El coronel Francisco Orduña, partidario del virrey, contará horrorizado que mientras hablaba fue tratado de loco por no participar de las ideas revolucionarias "... mientras que a los que no votaban contra el jefe (Cisneros), se les escupía, se les mofaba, se les insultaba y se les chiflaba."

Miércoles 23
 Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y emite un documento: "hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Excelentísimo. Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excelentísimo. Cabildo (...) hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime conveniente. El síndico Leiva, adicto al virrey prepara una maniobra: nombrar una Junta presidida por Cisneros.

Jueves 24 
Se confirmaron las versiones: el Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno presidida por el virrey e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, burlando absolutamente la voluntad popular. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta Muchos como el coronel Manuel Belgrano fueron perdiendo la paciencia. Cuenta Tomás Guido en sus memorias "En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: "Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas." 
Por la noche una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su renuncia. La junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.
 Así recuerda Cisneros sus últimas horas en el poder: 
"En aquella misma noche, al celebrarse la primera sesión o acta del Gobierno, se me informó por alguno de los vocales que alguna parte del pueblo no estaba satisfecho con que yo obtuviese el mando de las armas, que pedía mi absoluta separación y que todavía permanecía en el peligro de conmoción, como que en el cuartel de Patricios gritaban descaradamente algunos oficiales y paisanos, y esto era lo que llamaban pueblo, (..). Yo no consentí que el gobierno de las armas se entregase como se solicitaba al teniente coronel de Milicias Urbanas Don Cornelio de Saavedra, arrebatándose de las manos de un general que en todo tiempo las habría conservado y defendido con honor y quien V.M las había confiado como a su virrey y capitán general de estas provincias, y antes de condescender con semejante pretensión, convine con todos los vocales en renunciar los empleos y que el cabildo proveyese de gobierno."

El 25 de mayo de 1810
 Todo parece indicar que el 25 de mayo de 1810 amaneció lluvioso y frío. Pero la "sensación térmica" de la gente era otra . Grupos de vecinos y milicianos encabezados por Domingo French y Antonio Beruti se fueron juntando frente al cabildo a la espera de definiciones.   Algunos llevaban en sus pechos cintitas azules y blancas, que eran los colores que los patricios habían usado durante las invasiones inglesas. 
Pasaban las horas, hacía frío, llovía y continuaban las discusiones. El cabildo había convocado a los jefes militares y estos le hicieron saber al cuerpo a través de Saavedra que no podían mantener en el poder a la Junta del 24 porque corrían riesgos personales porque sus tropas no les responderían. La mayoría de la gente se fue yendo a sus casas y el síndico del Cabildo salió al balcón y preguntó "¿Dónde está el pueblo?". En esos momentos Antonio Luis Beruti irrumpió en la sala capitular seguido de algunos infernales y dijo "Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces, Si hasta   ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si es que no tiene badajo nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada." Poco después se anunció finalmente que se había formado una nueva junta de gobierno .El presidente era Cornelio Saavedra; los doctores Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus secretarios; fueron designados seis vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu. Comenzaba una nueva etapa de nuestra historia. 
La Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII. Así lo recuerda Saavedra en sus memorias "Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio. Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos." 
Para algunos era sólo una estrategia a la que llamaron la "máscara de Fernando", es decir, decían que gobernaban en nombre de Fernando pero en realidad querían declarar la independencia. Pensaban que todavía no había llegado el momento y no se sentían con la fuerza suficiente para dar ese paso tan importante. La máscara de Fernando se mantendrá hasta el 9 de julio de 1816.

Pero los españoles no se creyeron lo de la máscara o el manto de Fernando y se resistieron a aceptar la nueva situación. 
En Buenos Aires el ex virrey Cisneros y los miembros de la Audiencia trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío (que no acataba la autoridad de Buenos Aires y logrará ser nombrado virrey), pero fueron arrestados y enviados a España en un buque inglés. 



"Si ves al futuro dile que no venga".
Juan José Castelli.

"Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego"
Cornelio de Saavedra.




Mariano Moreno y su actividad como secretario de la Primera Junta


Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Tenía 21 años cuando llegó a Chuquisaca, donde estudiaría Teología y Derecho. Allí conoció al canónigo Terrazas, quien pronto le dio cobijo intelectual y acceso a su biblioteca, que, lejos de ser un cerrado centro de la cultura católica, era un amplio universo de ideas en donde Moreno pudo tomar contacto con las ideas de la igualdad de derechos para los criollos e indios y aprendió a repudiar las crueldades de la esclavitud.

Entrada la década de 1800, ya recibido de abogado, casado con María Guadalupe Cuenca y con un hijo, regresó a Buenos Aires. Hacia 1810, con 31 años, Moreno era ya un hombre de la revolución. Había logrado ser reconocido a partir de la redacción de un extenso alegato en defensa del fomento a la agricultura y a las manufacturas, que lo oponían a la burocracia española. Quizás algo de imprevisto lo tomó el hecho de ser nombrado como secretario de la Primera Junta de Gobierno, en mayo de 1810. El 25 de ese mes asumió la Secretaría de Guerra y Gobierno de la Primera Junta.

Unas de sus más destacadas acciones estuvieron relacionadas con el fomento a la difusión de las ideas de la Ilustración. Participó activamente de la creación de la biblioteca pública, del desarrollo educativo y fundó, el 7 de junio, el órgano oficial del gobierno revolucionario: la Gazeta de Buenos Aires. Entre sus escritos, figuraba la traducción de El Contrato Social, de su admirado Rousseau, pero también un plan de operaciones destinado a unificar los propósitos y estrategias de la revolución.

Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio administrativo y, por ello mismo, se ganó la enemistad de muchos. El deán Funes y el mismísimo Saavedra, entre otros, entrevieron el peligro que encarnaba para sus proyectos conservadores. Pronto forzaron su renuncia a los cargos que ocupaba en Buenos Aires y lo enviaron como representante del gobierno a Londres, rumbo al que partió el 24 de enero de 1811. Poco tiempo después, el 4 de marzo, encontraba en alta mar su misteriosa muerte. Dos años después, el médico Juan Madera aseguraba haber oído al padre Azcurra dar gracias a Dios por la separación de Moreno, advirtiendo: “Ya está embarcado y va a morir”.

Para recordarlo, reproducimos un fragmento de la Historia de la República Argentina, de Vicente Fidel López, sobre la febril actividad de Moreno como secretario de la Primera Junta de gobierno, sus preocupaciones por una corriente “que tendía a militarizar el país” y sus esfuerzos por fomentar la instrucción pública, la higiene, el comercio.
Como señala López, el numen de la revolución se ocupó de un sinnúmero de mejoras y progresos. “Todo lo penetraba y todo lo mandaba hacer, con una eficacia y con una rapidez difícil de comprender”, sostiene el historiador. Sus preocupaciones iban desde la creación de la biblioteca pública hasta el nivelado y la reparación de las calles; desde la difusión de vacunas o la organización de rondas de policías hasta la lucha contra la constitución de grandes propiedades “que –según entendía Moreno- quitan a los pobladores la esperanza de ser algún día propietarios”.
Fuente: Vicente Fidel López, Historia de la República Argentina, Su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1853, Tomo III, Buenos Aires, Librería La Facultad, 1911, pág. 189-197.

El doctor Moreno, cuya actividad mental era prodigiosa en el despacho de cada día, en la redacción de los documentos oficiales, en la expedición de las medidas que exigía la guerra, en los cuidados y necesidades de cada punto del virreinato, en lo de cerca y en lo de lejos, no se dejó absorber todo entero por los intereses de la lucha tremenda en que estaba comprometido, y se dio tiempo todavía para ocuparse de un sinnúmero de mejoras y de progresos pertenecientes a la instrucción pública, a la higiene, al comercio, a la política orgánica, a los abastos y a las mejoras materiales del municipio. Todo lo penetraba y todo lo mandaba hacer, con una eficacia y con una rapidez difícil de comprender en otra cabeza que en la de aquel hombre ardiente como el fuego y vivaz como la luz.
Desde el primer momento comprendió que para el nuevo gobierno era de suma importancia que el pueblo estuviese bien advertido de lo que debían ser, según las leyes, las relaciones de la Iglesia con el Estado. Católico exagerado que llevaba su devoción hasta pasar semanas enteras en ejercicios espirituales, dándose disciplinas y fuertes latigazos, se dio cuenta sin embargo de que la Iglesia Romana iba a pronunciarse contra   la Revolución de Mayo, y procuró prepararse con tiempo a salvar esas dificultades con un gobierno espiritual y propio que hiciese el servicio provisorio de la Iglesia con estricto acuerdo a los principios y a las leyes del Patronato.
(…)
La idea de constituir una Instrucción Cívica Oficial que iniciara a los niños de las escuelas y a los jóvenes en los principios fundamentales del gobierno libre, fue también uno de los empeños del doctor Moreno; e hizo que se escribiera un texto al que se le dio la forma requerida por las circunstancias bajo el título de Catecismo Militar…
(…)
Pero al mismo tiempo que el doctor Moreno comprendía la necesidad de consolidar el triunfo de la revolución por las armas, trataba de reaccionar contra la peligrosa corriente que tendía a militarizar el país, y buscaba fuerzas en la educación para corregir los vicios de esa tendencia y darle espíritu social. Así, al ordenar la creación de la Biblioteca Pública, lo hacía con palabras y conceptos de un alto alcance: “Los pueblos compran a precio muy subido la gloria de las armas; y las Musas, ahuyentadas con el horror de los combates y con el ruido de las armas, huyen de donde no hay tranquilidad, porque insensibles los hombres a   todo lo que no sea desolación y estrépito, descuidan aquellos establecimientos que en tiempos felices se fundan para cultivo de las ciencias y de las artes. Si el magistrado no empeña su poder y su celo en precaver el funesto término a que progresivamente conduce tan funesto estado, a la cultura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro, y la rusticidad de los hijos deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres. Buenos Aires se halla amenazado de esta terrible suerte; cuatro años de glorias han minado sordamente la ilustración y las virtudes que las produjeron”.
Con este motivo se lamentaba el doctor Moreno de la clausura del Colegio de San Carlos y de la decadencia de los estudios públicos, y aseguraba que el gobierno se ocupaba seriamente de restablecerlos de acuerdo con los progresos y con la filosofía de la época. En prosecución de los mismos fines comenzaba esta obra de reparación vital para la educación del espíritu público, por el establecimiento de una Biblioteca digna de la capital; porque “en todos los tiempos las bibliotecas públicas fueron miradas como uno de los testimonios de la ilustración de los pueblos, y como el medio más eficaz de su conservación y fomento... Las naciones verdaderamente grandes se propusieron y lograron fines muy diferentes de la simple vanidad con sus bibliotecas públicas. Las treinta y siete que contaba Roma en los tiempos de mayor ilustración eran la verdadera escuela de los conocimientos que tanto distinguieron a aquella nación célebre; y las que son hoy día comunes en Europa son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo. Por fortuna tenemos libros bastantes para dar principio a una obra que crecerá en proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo”.
Y en efecto: esa Biblioteca de Buenos Aires, fundada en 1810 por el doctor don Mariano Moreno, y puesta por él bajo la dirección del canónigo doctor Segurola y del franciscano señor Cayetano Rodríguez, en quienes concurrían la erudición y un amor acendrado a las letras, fue luego un monumento en manos de nuestro eminente bibliófilo don Manuel Ricardo Trelles.
Bien apercibido de cuanto tenían de vago y de pueril las teorías metafísicas y teologales de la instrucción de su tiempo, había comprendido toda la importancia que debía darse a las ciencias físicas y matemáticas que son la llave de la industria y el verdadero instrumento de la riqueza de los pueblos. Y si bien se lamentaba en la Gaceta “de que la Junta se viera reducida a la triste necesidad de crearlo todo en medio de las graves atenciones que la agobiaban, sin dejarle tiempo para las grandes mejoras del espíritu y de la educación social”, lo encontraba sin embargo para presidir con Belgrano la creación y el establecimiento de una preciosa escuela de matemáticas en una espléndida función y con solemne ceremonial.
Si se ocupaba de las ciencias no descuidaba ni por un momento los intereses del comercio y las mejoras materiales. Disminuía los derechos de la exportación de los productos rurales “con el fin de hacerlos entrar más fácilmente al comercio exterior en retorno de las introducciones extranjeras”. Se ocupaba de hacer inútil el contrabando con las franquicias que debían equilibrar justamente los beneficios del comercio. Reglamentaba el resguardo y el despacho marítimo de las consignaciones y de los manifiestos. En vista de las necesidades del comercio y de las contingencias de un bloqueo con que ya amenazaban los marinos de Montevideo, ponía su ojo previsor sobre el puerto y los terrenos de la Ensenada y decía: “El fomento de esa población, que la Junta ha resuelto sostener a toda costa, excitará la codicia de algunas personas poderosas, que en semejantes ocasiones adquieren terrenos dilatados por interés de la reventa, o para establecer grandes posesiones, que quitan a los pobladores la esperanza de ser algún día propietarios”; y limitaba las áreas que podía poseer cada propietario en favor de los pretendientes a comprar terrenos allí, obligándoles a todos a edificar 1.
De lo alto de sus concepciones y medidas bajaba a lo cómodo, a lo útil y a las vitales necesidades de la higiene.
Constituía un establecimiento permanente para la propagación de la vacuna encargándole este benéfico trabajo al doctor don Francisco de Paula Ribero. (…)
Organizaba las rondas de policía para asegurar la propiedad y la quietud del vecindario.
Mandaba reparar y nivelar las veredas y las calles de la ciudad.
Facilitaba con medidas liberales los abastos del vecindario.
Reglamentaba la matanza y las volteadas de los ganados vacunos para que se conservasen las crías, y para que no quedasen impunes los robos de haciendas.
Democratizaba los empleos y los grados militares en busca de las aptitudes que pudieran brotar del seno del pueblo. Y al mismo tiempo publicaba en la Gaceta artículos substanciales sobre la libertad de imprenta y sobre los principios de la política orgánica que debía discutir y sancionar el Congreso, con una elevación de miras y con una seguridad de estilo que los hace preciosos todavía y dignos de ser estudiados con seria detención por las generaciones presentes.
¡Y toda esta variada y múltiple labor se realizaba en medio de las atenciones absorbentes y de los terribles cuidados de la guerra emprendida contra las fuerzas de los mandatarios de España, que eran dueños todavía de la mayor parte del virreinato!
Dos grandes defectos hacían desgraciado, sin embargo, el temperamento de este grande hombre. Intachable como padre de familia y como amigo, dotado de una honorabilidad espartana, modelo de administrador y de pureza, don Mariano Moreno habría sido completo sin esos defectos. Pero, por desgracia suya, había nacido con una fantasía tan viva cuanto asustadiza y cobarde. Estaba sujeto a insomnios terribles, en medio de los que veía el tumulto de sus enemigos asediándolo con puñales unas veces, y otras encarcelándolo para arrastrarlo a la horca. Tenía una naturaleza nerviosa, con entusiasmos fantásticos que no se apartaban de su vista sino en el fuego de la acción. Pero en los momentos en que la acción decaía, su espíritu no encontraba la quietud del reposo, sino por el contrario, tendida la vista a su alrededor, y alarmado con las emanaciones enfermizas de la soledad y del monólogo, que continuaban dándole relámpagos siniestros, vagaba en las tinieblas de mil inquietudes indefinidas asaltado por dudas abultadas sobre la inseguridad de su persona y de los destinos de la causa a que estaba entregado. Al día siguiente entraba otra vez en la acción incitado por la   febril necesidad de anonadar los obstáculos y los elementos contrarios que sus sueños le habían presentado con formas gigantescas y apremiantes. (…)
El doctor Moreno era una alma sin reposo moral, nos decía uno de los contemporáneos que más lo había tratado y querido; una alma fanática y ascética devorada por una actividad asombrosa. Con el mismo ardor con que se había entregado a las lucubraciones místicas de Tomás Kempis y a la disciplina de la penitencia, se dio después al misticismo social de Juan Jacobo Rousseau. Pero no era esto lo más sorprendente, sino que su espíritu bajaba a lo práctico, a lo indispensable en cada momento, con una claridad y con un oportunismo que le habría envidiado el más experto de los hombres de Estado.

Referencias:
1 Gaceta del 15 y del 25 de octubre de 1810.




Videos vistos en clase


El Iluminismo y la Revolución de Mayo


Plan Revolucionario de Operaciones


Películas Recomendadas



La revolución de Mayo



Moreno. Ernesto Ardito y Virna Molina. 2012.





Belgrano. Sebastián Pivotto. 2010.


Texto recomendado
  • La revolución es un sueño eterno. Andrés Rivera.



Ejercitación:
  1. Destaque los principales acontecimientos de la llamada Revolución de Mayo de 1810.
  2. Enuncie las tres tesis que aborda Norberto Galasso en sus textos "Revolución de Mayo" y “La Revolución de Mayo y Mariano Moreno” (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  3. ¿Por qué Norberto Galasso cuestiona la idea de Revolución separatista y anti hispánica? (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  4. ¿A qué se denomina con el nombre de "la máscara de Fernando VII"? 
  5. ¿Cómo caracteriza José Pablo Feinmann, a decir de Juan Bautista Alberdi, a la Revolución de Mayo, en el capítulo "Plan Revolucionario de Operaciones" del ciclo "Filosofía aquí y ahora"?
  6. ¿Cómo se estructura  el "Plan Revolucionario de Operaciones" de Mariano Moreno y explique en forma breve, de que se trata éste documento? (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).
  7. Destaque los principales argumentos que expresa Mariano Moreno en el  "Decreto sobre supresión de honores al Presidente de la Junta y otros funcionarios públicos" (El texto se encuentra en la parte de TEXTOS del blog).

Clase 6: viernes 08/05/2026

 1er examen parcial: